2024: la sinfonía de la discordia

El 28 de enero pasado, leí en el Financial Times la columna de Ruchir Sharma, “Por qué los líderes políticos son tan impopulares ahora”.
La conclusión es que “los líderes de todo el mundo desarrollado son, al menos en parte, víctimas de un deterioro prolongado de la moral nacional.
Un crecimiento económico más lento, una creciente desigualdad y una sensación de que el sistema está manipulado contra la persona promedio: todos estos factores se ven magnificados por el impacto polarizador de las redes sociales”.
Las redes sociales parecen intensificar el rencor partidista.
Estas plataformas están ampliando las divisiones políticas.
Se han convertido en las trincheras de combates despiadados.
Además...

...Cada vez hay menos personas con talento entrando a la política...
...desanimadas por las estratagemas necesarias para sobrevivir en un ámbito digitalizado.
Algo diferente ocurre en los países en desarrollo.
Si bien las redes sociales pueden estar igualmente extendidas y tener un tono igualmente hostil, parecen estar infligiendo menos daño a los líderes gubernamentales.
Una posible razón es que, si bien la globalización y la digitalización han ayudado a mejorar la suerte de muchos en el mundo en desarrollo, las naciones desarrolladas han experimentado en las últimas décadas un crecimiento más lento.
Ruchir Sharma concluye su columna con una observación muy poderosa: